Ibn Battuta, el gran viajero musulmán

May 28, 2017

Abu Abdullah Muhammad Ibn Abdullah Al Lawati Al Tanji Ibn Battuta nació en Tanger, Marruecos en el seno de una familia acomodada dedicada a la magistratura islámica (qadis). Desde joven se vio interesado por la lectura de viajes y geografía, como también por la botánica y teología islámica, siguiendo los pasos de su familia.

 

 

A los 22 años decidió comenzar a viajar con el motivo de realizar el  Hajj o peregrinación a la Meca (hizo 4 peregrinaciones en total durante su vida). Sin embargo, su viaje continuaría durante cerca de 29 años, su recorrido cubrió aproximadamente 120.000 km, equivalente a 44 países modernos.  Viajó desde el norte de África, pasando por Egipto y la costa swahili; La Meca, la Península Arábiga, pasando por Palestina y la Gran Siria. Recorrió Anatolia y Persia a Afganistán; cruzó el Himalaya hasta la India; y a continuación, Sri Lanka y las Maldivas; y luego llegó a la costa este de China.

 

A su regreso en 1349 a la ciudad de Fez, Marruecos, trabajó como cadí y en el año 1355, el sultán le pidió que pusiese por escrito sus viajes. Para realizar esta enorme tarea, pidió colaboración al escritor Ibn Yuzayy de Granada, que dedicó tres meses a escribir el texto conocido como Rihlat ibn Battuta “Los viajes de ibn Battuta” o “A través del Islam”, aunque el verdadero título es “Maravillas de los observadores en las extrañezas de los países y en las rarezas de los viajes”.

 

La finalidad del texto tenía como objetivo proporcionar al sultán relatos e información de las diferentes regiones del oriente. En sus viajes, Ibn Battuta, informó sobre datos históricos y geográficos, costumbres, diferentes culturas y su folclore; relatos fantásticos. Aún maravillado por cada rincón que visitaba, de todas maneras resaltaba la importancia del Islam por sus dogmas, el estilo de vida y comportamiento de cada musulmán, como así también por su comprensión del mundo: “Censuraba costumbres como la presencia de mujeres con los pechos descubiertos en las islas Maldivas y la promiscuidad de la población negra de Mali; por ello, su ideal femenino lo encontró en la región india de Hinawr, cuyas mujeres eran bellas, castas y aplicadas en el conocimiento del Corán. Criticó también de forma despectiva todo aquello que se desviaba de los principios morales y religiosos del Islam, como las leyendas faraónicas”1.

 

En “Los viajes de Ibn Battuta” la Basmala es la apertura de la obra: "En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso”; y en su Introducción explica que Ibn Yuzayy al-Kalbi es el escritor de la obra que fue encomendada por el califa Abu Inan Faris (sultán de Marruecos a mediados de siglo XIV) según lo relatado por Ibn Battuta, también conocido como Abu Abdallah al-Luwati, el tangerino.

Según el relato, da a entender que viajaba con recomendaciones, porque siempre era recibido por gobernantes. “Cuando llegamos a Bagdad [después de recorrer Tabriz y otras ciudades en Irán e Irak] me encontré con los peregrinos que se preparan para el viaje, así que fui a visitar al gobernador y le pregunté por lo que el sultán había ordenado para mí. Se me asignó la mitad de una camada de camello y provisiones, agua para cuatro personas (…) Ya había conocido a este último, sino que se fortaleció nuestra amistad y mantenido bajo su protección y favorecido por su bondad, porque él me dio aún más de lo que había sido ordenado para mí (…)”.

Para cuando llego a la India,  Ibn Battuta, ya era un hombre de cierta importancia y fama. La India, gobernada por el Sultán Muhammad Ibn Tughluq, le recibió con honores y regalos, e incluso, más tarde nombrado qadí de Delhi. El Sultán retratado como una persona tanto generoso como cruel, y que gobernó con mano de hierro a toda la sociedad indiscriminadamente, incluso sin diferencias entre  musulmanes e hindúes. Ibn Battuta fue testigo de todas las glorias y los reveses del sultán, temía por su propia vida al ver a muchos amigos ser víctimas del déspota sultán. Su posición alta en la corte le llevo al infortunio y desgracia, pero la buena suerte le salvó la vida al ganar nuevamente el favor del sultán; y fue enviado en una embajada a China en 1342.

El viaje de retorno a través de Sumatra, Malabar, y el Golfo Pérsico a Bagdad y Siria. En Siria fue testigo de los estragos de la Peste Negra de 1348, y cuenta que se salvó purgándose de la fiebre con una infusión de hojas de tamarindo.

 

Algunas de sus observaciones:

Sobre su visita a Alejandría: “(…) Esta ciudad es una perla resplandeciente y luminosa, una doncella fulgurante con sus aderezos (…)”,

Sobre la comida turca “(…) Ellos no comen pan ni ningún alimento sólido, pero preparar una sopa con una especie de mijo, y todo tipo de carne que puedan tener se corta en trozos pequeños y se cocinan en esta sopa (…)”

En China impresionado por la inmensidad de su territorio y sociedad cuenta que: “hasta los pobres visten de seda”. Dice que no se usan las monedas sino que se compra y se vende con “trozos de papel”. “Los chinos son paganos, adoran ídolos y queman sus muertos al modo de los hindúes.” Además, habla sobre la seguridad y servicios para los viajeros: “China es el país más seguro y propicio para el viajero. En cada lugar de parada en la ruta hay una posada bajo la custodia de un oficial allí residente, que manda una guardia de jinetes e infantes”.

En las Islas Maldivas “"Casarse en estas islas es fácil, por lo exiguo de la dote y lo agradable que resulta el trato carnal con las mujeres de aquí. La mayoría de los hombres ni siquiera mencionan la dote, sino que pronuncian la sahada (profesión de fe musulmana) y entregan la suma estrictamente legal. Cuando atracan los barcos, sus tripulantes se casan con las isleñas y, a la hora de partir, las repudian, pues ellas no salen nunca de su país; es decir, que se trata de una especie de casamiento de placer. No he visto en el mundo mujeres mejores que éstas, en lo que se refiere a cohabitar con ellas. La maldiveña no encomienda a nadie el cuidado del marido, sino que ella misma le pone la mesa y se la quita, le lava las manos, le trae el agua para las abluciones y le tapa los pies cuando duerme. Tienen la costumbre de no sentarse a la mesa con su esposo, para que éste no sepa lo que come su mujer. Yo me casé en las Maldivas con varias mujeres, algunas comieron conmigo, después de engatusarlas; pero otras no lo hicieron y no conseguí verlas comer, por más artimañas que urdí" 2.

 

 

Material Consultado

 

National Geographic, “Ibn Battuta, el mayor viajero de la Edad Media”, en http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/ibn-battuta-el-mayorviajero-de-la-edad-media_7019

“Ibn Battuta: El peregrino incansable” http://www.viajeros.com/articulos/381-ibn-battuta-el-peregrino-incansable

Biografías y Vidas, “Ibn Battuta”, en http://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/ibn_battuta.htm

A.G. Farrand, “Who was Ibn Battuta”, en http://www.ibnibnbattuta.com/p/who-was-ibn-battuta.html

Fordham University, “Medieval Sourcebook:Ibn Battuta: Travels in Asia and Africa 1325-1354”, en https://legacy.fordham.edu/halsall/source/1354-ibnbattuta.asp

Enciclopedia Britannica, “ Ibn Battutah”, en https://www.britannica.com/biography/Ibn-Battutah

 

1.National Geographic, “Ibn Battuta, el mayor viajero de la Edad Media”, en http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/ibn-battuta-el-mayorviajero-de-la-edad-media_7019

 

2. “Ibn Battuta: El peregrino incansable” http://www.viajeros.com/articulos/381-ibn-battuta-el-peregrino-incansable

 

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