“El Libro del Té” de Okakura Kakuzo

July 3, 2017

Okakura Kakuzo nació el 14 de febrero de 1863 en Yokohama, Japón, y murió el 2 de septiembre de 1913 en Akakura.  Fue escritor, filósofo y crítico de arte de gran influencia en el arte japonés moderno. Nació dentro de una familia de ex samuráis de la provincia de Fukui, siendo su padre un comerciante exportador de seda.  Estudió en la Universidad Imperial de Tokyo e idioma inglés en la Escuela de Idiomas de Yokohama. Además fue estudiante de filosofía de Ernest Fenollosa en la Universidad. Fue funcionario del Departamento de Música, y nombrado miembro de la Comisión de Arte; para luego,  en 1889 ser nombrado Jefe del Departamento de Artes al fundarse la Escuela Superior de Bellas Artes de Tokyo y funcionario del Museo Imperial. Pero al poseer ciertas discrepancias con autoridades, fue destituido y fundó un grupo de pintores y profesores: la Academia de Artes del Japón. En 1901 viaja a India y conoce a R, Tagore con el que entabló una amistad. A su regreso publicó el libro “Los ideales del Oriente”. En 1904 viajó a EE.UU. donde paso a ser asesor del Museo de Boston y publicó el libro “El despertar de Japón”. Al año siguiente es designado director del Departamento de Arte Oriental del Museo de Boston. “El libro del té” fue escrito originalmente en inglés y publicado por primera vez en mayo de 1906 por Fox Duffield  and Co. en Nueva York.

 

Se puede considerar como el primer libro escrito por un asiático en idioma occidental que tiene como objetivo dar a conocer la filosofía zen, elementos taoístas y la filosofía y arte del té.

“El libro del té” se encuentra dividido en VII capítulos breves:

1. La taza de la humanidad

2. Las escuelas de té

3. Taoísmo y Zenismo

4. El recinto del té

5. Apreciación estética

6. Flores

7. Los maestros del té

 

“El té comenzó como medicamento y se transformo en bebida. En China, en el siglo octavo penetro en el reino de la poesía como uno de los pasatiempos amables. En el siglo quince, el Japón lo elevo a religión del esteticismo: el té-ismo”.

El té-ismo es el culto que se basa en la adoración de la belleza en las acciones ordinarias o de la vida diaria.

Durante el aislamiento de Japón del resto del mundo se profundizó este arte: “nuestro hogar, costumbres, vestimenta y cocina, porcelana, laca, pintura, incluso nuestra misma literatura, han sido objeto de su influencia” (…)

Un extraño o ajeno a la cultura japonesa podría decir ¿por qué tanto ceremonial, tanta ritualística para servir una taza de té? Okakura responde: “pero consideramos qué péqueña es después de todo la taza de la felicidad humana que pronto desbordará con lágrimas, con qué rapidez es vaciada hasta las heces en nuestra inagotable sed de infinito, no nos censuraremos por dar tanta importancia a una taza de té”.

 

Okakura se pregunta: “cuando entenderá o tratará Occidente de entender a Oriente? (…) se nos ha pintado viviendo del perfume del loto o bien de lauchas y cucarachas. Fanatismo impotente o bien abyenta voluptuosidad. El espiritualismo hindú ha sido ridiculizado como ignorancia, la sobriedad china como estupidez, el patriotismo japonés como el resultado del fatalismo (…) Muchos de mis compatriotas han adoptado exageradamente vuestras costumbres y vuestra etiqueta, creyendo erróneamente que al comprar cuello duros y sombreros de copa han adquirido la esencia de vuestra civilización (…)”

Sobre el té: “el té es una obra de arte y solo una mano maestra pude hacer resaltar sus más nobles cualidades. Tenemos té bueno y té malo, como tenemos buena y mala pintura”(…) “cada preparación de las hojas tiene su individualidad, su especial afinidad con el agua y el calor, sus recuerdos hereditarios que rememorar, su propia manera de contar una historia. En él debe hallarse siempre lo verdaderamente hermoso”.

 

El autor nos dice que los historiadores chinos hablaban del taoísmo como del “arte de estar en el mundo porque se ocupa del presente, de nosotros mismos y es en nosotros mismos donde Dios se encuentra con la naturaleza y el ayer se separa del mañana. El presente es el infinito en movimiento, la legítima esfera de lo relativo. La relatividad busca la adaptación, o el ajuste y la adaptación es arte. El arte de vivir reside en esa readaptación constante a lo que nos rodea”. (Pp. 55)

Lao tse y su metáfora del vacío: “proclamó que sólo en el vacío residía lo verdaderamente esencial (...) la utilidad de una jarra residía en el vacio donde podía caber el agua, no en la forma de la jarra ni en el material del que estaba hecha. El vacio es poderoso porque lo contiene todo. Únicamente en el vacio es posible el movimiento (…)”

Sobre el arte: “no hay más sublime que la unión, en el arte, de los espíritus afines en el momento del encuentro el amante del arte se trasciende. Es y no es al mismo tiempo. Alcanza a vislumbrar el infinito, pero las palabras no pueden expresar su deleite, porque el ojo no tiene lengua. Liberado de las cadenas de la materia, su espíritu se mueve al ritmo de las cosas. Es así como el arte se vuelve análogo a la religión y ennoblece la especie humana. Eso es lo que hace sagrado una obra maestra”.

 

Es por eso que el té es la religión del arte de la vida para la cultura japonesa.  “Aquellos que no saben sentir la pequeñez de las grandes cosas en sí mismos, tienden a pasar por alto la grandeza de las pequeñas cosas en los demás”

 

Bibliografía

Okakura Kakuzo, “El Libro del Té”, Ed. Mundo Nuevo, Buenos Aires, 1961

 

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